Con singular destreza conjugatoria de realidad- mensaje y utopía- elipsis, Pedro Centeno escribe: ¨... Y digo libros/lapiceras/ escritorio y/ también esa claraboya/ sobre la inclaudicable sensación de sentirse vivo.¨ Y es que nuestro poeta hace de la poesía un cofre de certidumbres, consuelos y espectativas, hace de la poesía una " esperanza viril" como enunciara Edgar Bayley en uno de sus ensayos.
Del mismo modo, Centeno se apropió del concepto: “Esa incapacidad de alcanzar, de comprender, es lo que hace que yo, por instinto de... ¿de qué?, busque un modo de hablar que me lleve más rápido al entendimiento”. Con esa frase de Clarice Lispector, el escritor intenta explicar algo tan recóndito como es su vital ligazón con la poesía. ¨Desde mi edad escolar primaria me acompañan, me abrigan y me salvan¨, dice, convirtiendo a la lectura y escritura en símbolos de horfandad y fortaleza. Porque muy bien lo explicó Edgar Bayley: "El artista (el poeta) se encuentra solo, a la intemperie, sin más compañía posible que ese sí mismo cuya revelación aguarda en plena vigilia, acosado por la incertidumbre¨.
Centeno nació en Salta, el 13 de mayo de 1964, aunque reside en nuestra ciudad desde hace media vida. Autor de Saide y Paciente caligrafía, dos libros de poesía publicados por editorial Cartografías, entiende que escribir es mantener una óptima relación con la lectura: ¨Leer fue para mí tan simple como aprender a caminar. Y de inmediato reflexiona, simple y no tan simple¨. Es que caminar y leer se asemejan sólo en los comienzos, porque ambas acciones son instintivas y torpes. No obstante el potencial lector se va incrementando y puliendo hasta la muerte. Con ese afán, hoy disfruta de autores contemporáneos y clásicos como Chéjov, Franz Kafka, Nietzche, Poe, James, Cortázar, Borges, Onetti, y sostiene que leyendo sus obras va afianzándose como lector y también como escritor.
Pedro, o Luis Piedrabuena (así acostumbra a firmar sus textos), comenta que, conociendo su especial interés por la literatura, una amiga le regaló dos libros con poemas de los años 40 y 50. En esas Antologías se encontraban poetas increíbles que, con originalidad y fuerza, han marcado la época. Entre esos nombres que han transpuesto fronteras, dice, ¨descubrí a Edgar Bayley y de él tomé esta parte de su principal manifiesto: Una obra vale por su capacidad de novedad, desplazamientos de valores de sensibilidad ejercidos por una imagen, y la vivencia en cualquiera de sus formas tiene la recompensa en sí misma. Asimismo, Bayley consideraba al poema como una experiencia con características propias, no sustitutivas de las demás ni superior a ellas.
La poesía de Edgar Bayley (1919-1990) abriga una increíble luminosidad de pensamiento, muestra una forma orgánica, siempre vigilada para no caer en posibles desbordes. A pesar de haber escrito en soledad o aislamiento, transmite protección y esperanza. La poesía de Bayley sugiere o desafía, incluso acabada en sí misma, le exige al lector tomarla, hacerla suya, para recrearla.
Si algo caracterizó como artista e intelectual a este autor, fue su indudable capacidad de razonamiento, demostrada tanto en sus libros de poesía: En común; La vigilia y el viaje; Ni razón ni palabra; El día; Celebraciones, como en sus ensayos dispersos en revistas y publicaciones de la época.
Según su análisis, para crear se parte de una grado de emoción producida por una determinada vivencia, la cual se exterioriza a través de una obra de arte. Pero, la obra de arte no debe ser un fiel reflejo de aquella emoción que la produjo, deberá obtenerse una realidad nueva, independiente de la anterior que la hizo nacer. El poeta "inventa, no traduce", dijo, y desde allí su poética se denominó Invencionismo.
En Edgar Bayley cada palabra se impone como unidad, actúa con un mágico poder de ruego o exhortación y crea una nueva significación nacida de la totalidad del poema. ¨digo amiga y digo lentamente/ las formas del viento y la madera/ digo un momento un fuego/ una bondad un río una fe/ un nacimiento un aire/ un sentido iluminado y cierto...¨
