¨Cuando empecé a componer trabajé con recursos del cubano Leo Brouwer. Me lo sugirió un profesor de guitarra que tuve por esos años. Esas armonías me marcaron fuerte y desde allí, creo, surgió mi veta compositiva¨, confiesa Adrián Enrique Rotger, quien nació en Quemú – Quemú, ya que sus padres, por trabajo, estaban el 8 de junio de 1968 en esa localidad pampeana.
Adrián Rotger se formó en la música folklórica. Con bandoneón y guitarras se reunían en su casa los hermanos de su madre. Ella, profesora de piano, los acompañaba y la música criolla llegaba hasta su cuna. Dicen que la música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del individuo, de allí entonces que Rotger haga música, aunque, ¨hasta los 18 años no le di bolilla¨, dice sonriendo.
Concluyó los estudios primarios, secundarios y, como el aguijón de la música estaba allí adentro, quieto, silencioso, pero estaba, se anotó en el Conservatorio de Música Julián Aguirre. ¨Quería hacer guitarra y piano, finalmente supe que estudiar dos instrumentos era mucho y que cantar no era lo mío¨, admite.
Hoy, Adrián es Profesor Superior de guitarra. Practicó la docencia en varios niveles e instituciones. Sin embargo, su pasión por la música lo llevó más allá. Asistió a cursos con los maestros Eduardo Isaac y Eduardo Fernández. Estudió interpretación guitarrística con Víctor Villadangos, compositor de música de cámara y música andina. También hizo cursos de flauta traversa y de instrumentos autóctonos andinos. Confiesa que desde siempre le atrajo fuertemente la antigua cultura Aymara, y que hasta estuvo en Bolivia para entenderla mejor, para enriquecer su actividad.
¨Y hago música contemporánea, con todo lo que implica¨, dice Adrián y tal vez todo lo que implica sea la dificultad para establecer un concepto universal de la música contemporánea. Una de las escuelas aborda la fusión de música clásica con música nacionalista, tal como lo hicieron Astor Piazzola en Argentina y Leo Brouwer en Cuba. O quizás implique ¨arrastrar toda una historia de raíz americana, conquistas, medios, inmigraciones, esas mezclas que nos hacen ser lo que hoy somos. Porque uno trata de ser novedoso u original, de despegarse de todo aquello, pero lo que se lleva adentro siempre ha sido mamado de algún lado¨.
La vena compositiva, la vigorosa condición creativa, sumada a la música contemporánea y sus implicancias, permitieron al artista local realizar una gira por diferentes ciudades de México y Panamá como músico de Vitillo Ábalos. Más tarde, viajó por Francia y Suiza con el ballet Ricardo Rojas de la U.B.A. Además formó e integró el grupo de música del altiplano “Jacha Mixtura”, más otros destacados grupos de folklóre y de música antigua. Toda esa actividad no le impidió a Rotger brindar conciertos como solista o en dúo.
¨La definición de música hoy es algo compleja, y es muy difícil encasillarse a uno mismo, pero yo hago música contemporánea, fusiono clásico con folklore. He grabado mi primer disco y lo presento el 9 octubre, en el Teatro Municipal¨.
En ese disco habrá seguramente una huella casi invisible de Leo Brouwer, porque aquellas armonías del compositor, guitarrista y director de orquesta cubano, atravesarán por siempre la música.
Brouwer nació en La Habana, el 1 de marzo de1939. Comenzó a tocar la guitarra desde niño, atraído por el sonido del flamenco y motivado por su padre. A los 17 años, el cubano dio su primer recital; aunque sus composiciones llamaban ya la atención. Autor de los Estudios simples 1-20 para ampliar los requerimientos técnicos de la ejecución en la guitarra, o de Preludio (1956) y Fuga (1959), ambas conteniendo la influencia de Bartok y de Stravinsky.
Brouwer estudió música en la universidad de Hartford y después en la Juilliard School. Su obra va más allá del mero espíritu nacionalista, es también el reflejo de un firme compromiso con los ideales y pensamientos de la revolución cubana.
miércoles, 1 de abril de 2009
Centeno y Bayley, la poesía como esperanza viril
Con singular destreza conjugatoria de realidad- mensaje y utopía- elipsis, Pedro Centeno escribe: ¨... Y digo libros/lapiceras/ escritorio y/ también esa claraboya/ sobre la inclaudicable sensación de sentirse vivo.¨ Y es que nuestro poeta hace de la poesía un cofre de certidumbres, consuelos y espectativas, hace de la poesía una " esperanza viril" como enunciara Edgar Bayley en uno de sus ensayos.
Del mismo modo, Centeno se apropió del concepto: “Esa incapacidad de alcanzar, de comprender, es lo que hace que yo, por instinto de... ¿de qué?, busque un modo de hablar que me lleve más rápido al entendimiento”. Con esa frase de Clarice Lispector, el escritor intenta explicar algo tan recóndito como es su vital ligazón con la poesía. ¨Desde mi edad escolar primaria me acompañan, me abrigan y me salvan¨, dice, convirtiendo a la lectura y escritura en símbolos de horfandad y fortaleza. Porque muy bien lo explicó Edgar Bayley: "El artista (el poeta) se encuentra solo, a la intemperie, sin más compañía posible que ese sí mismo cuya revelación aguarda en plena vigilia, acosado por la incertidumbre¨.
Centeno nació en Salta, el 13 de mayo de 1964, aunque reside en nuestra ciudad desde hace media vida. Autor de Saide y Paciente caligrafía, dos libros de poesía publicados por editorial Cartografías, entiende que escribir es mantener una óptima relación con la lectura: ¨Leer fue para mí tan simple como aprender a caminar. Y de inmediato reflexiona, simple y no tan simple¨. Es que caminar y leer se asemejan sólo en los comienzos, porque ambas acciones son instintivas y torpes. No obstante el potencial lector se va incrementando y puliendo hasta la muerte. Con ese afán, hoy disfruta de autores contemporáneos y clásicos como Chéjov, Franz Kafka, Nietzche, Poe, James, Cortázar, Borges, Onetti, y sostiene que leyendo sus obras va afianzándose como lector y también como escritor.
Pedro, o Luis Piedrabuena (así acostumbra a firmar sus textos), comenta que, conociendo su especial interés por la literatura, una amiga le regaló dos libros con poemas de los años 40 y 50. En esas Antologías se encontraban poetas increíbles que, con originalidad y fuerza, han marcado la época. Entre esos nombres que han transpuesto fronteras, dice, ¨descubrí a Edgar Bayley y de él tomé esta parte de su principal manifiesto: Una obra vale por su capacidad de novedad, desplazamientos de valores de sensibilidad ejercidos por una imagen, y la vivencia en cualquiera de sus formas tiene la recompensa en sí misma. Asimismo, Bayley consideraba al poema como una experiencia con características propias, no sustitutivas de las demás ni superior a ellas.
La poesía de Edgar Bayley (1919-1990) abriga una increíble luminosidad de pensamiento, muestra una forma orgánica, siempre vigilada para no caer en posibles desbordes. A pesar de haber escrito en soledad o aislamiento, transmite protección y esperanza. La poesía de Bayley sugiere o desafía, incluso acabada en sí misma, le exige al lector tomarla, hacerla suya, para recrearla.
Si algo caracterizó como artista e intelectual a este autor, fue su indudable capacidad de razonamiento, demostrada tanto en sus libros de poesía: En común; La vigilia y el viaje; Ni razón ni palabra; El día; Celebraciones, como en sus ensayos dispersos en revistas y publicaciones de la época.
Según su análisis, para crear se parte de una grado de emoción producida por una determinada vivencia, la cual se exterioriza a través de una obra de arte. Pero, la obra de arte no debe ser un fiel reflejo de aquella emoción que la produjo, deberá obtenerse una realidad nueva, independiente de la anterior que la hizo nacer. El poeta "inventa, no traduce", dijo, y desde allí su poética se denominó Invencionismo.
En Edgar Bayley cada palabra se impone como unidad, actúa con un mágico poder de ruego o exhortación y crea una nueva significación nacida de la totalidad del poema. ¨digo amiga y digo lentamente/ las formas del viento y la madera/ digo un momento un fuego/ una bondad un río una fe/ un nacimiento un aire/ un sentido iluminado y cierto...¨
Del mismo modo, Centeno se apropió del concepto: “Esa incapacidad de alcanzar, de comprender, es lo que hace que yo, por instinto de... ¿de qué?, busque un modo de hablar que me lleve más rápido al entendimiento”. Con esa frase de Clarice Lispector, el escritor intenta explicar algo tan recóndito como es su vital ligazón con la poesía. ¨Desde mi edad escolar primaria me acompañan, me abrigan y me salvan¨, dice, convirtiendo a la lectura y escritura en símbolos de horfandad y fortaleza. Porque muy bien lo explicó Edgar Bayley: "El artista (el poeta) se encuentra solo, a la intemperie, sin más compañía posible que ese sí mismo cuya revelación aguarda en plena vigilia, acosado por la incertidumbre¨.
Centeno nació en Salta, el 13 de mayo de 1964, aunque reside en nuestra ciudad desde hace media vida. Autor de Saide y Paciente caligrafía, dos libros de poesía publicados por editorial Cartografías, entiende que escribir es mantener una óptima relación con la lectura: ¨Leer fue para mí tan simple como aprender a caminar. Y de inmediato reflexiona, simple y no tan simple¨. Es que caminar y leer se asemejan sólo en los comienzos, porque ambas acciones son instintivas y torpes. No obstante el potencial lector se va incrementando y puliendo hasta la muerte. Con ese afán, hoy disfruta de autores contemporáneos y clásicos como Chéjov, Franz Kafka, Nietzche, Poe, James, Cortázar, Borges, Onetti, y sostiene que leyendo sus obras va afianzándose como lector y también como escritor.
Pedro, o Luis Piedrabuena (así acostumbra a firmar sus textos), comenta que, conociendo su especial interés por la literatura, una amiga le regaló dos libros con poemas de los años 40 y 50. En esas Antologías se encontraban poetas increíbles que, con originalidad y fuerza, han marcado la época. Entre esos nombres que han transpuesto fronteras, dice, ¨descubrí a Edgar Bayley y de él tomé esta parte de su principal manifiesto: Una obra vale por su capacidad de novedad, desplazamientos de valores de sensibilidad ejercidos por una imagen, y la vivencia en cualquiera de sus formas tiene la recompensa en sí misma. Asimismo, Bayley consideraba al poema como una experiencia con características propias, no sustitutivas de las demás ni superior a ellas.
La poesía de Edgar Bayley (1919-1990) abriga una increíble luminosidad de pensamiento, muestra una forma orgánica, siempre vigilada para no caer en posibles desbordes. A pesar de haber escrito en soledad o aislamiento, transmite protección y esperanza. La poesía de Bayley sugiere o desafía, incluso acabada en sí misma, le exige al lector tomarla, hacerla suya, para recrearla.
Si algo caracterizó como artista e intelectual a este autor, fue su indudable capacidad de razonamiento, demostrada tanto en sus libros de poesía: En común; La vigilia y el viaje; Ni razón ni palabra; El día; Celebraciones, como en sus ensayos dispersos en revistas y publicaciones de la época.
Según su análisis, para crear se parte de una grado de emoción producida por una determinada vivencia, la cual se exterioriza a través de una obra de arte. Pero, la obra de arte no debe ser un fiel reflejo de aquella emoción que la produjo, deberá obtenerse una realidad nueva, independiente de la anterior que la hizo nacer. El poeta "inventa, no traduce", dijo, y desde allí su poética se denominó Invencionismo.
En Edgar Bayley cada palabra se impone como unidad, actúa con un mágico poder de ruego o exhortación y crea una nueva significación nacida de la totalidad del poema. ¨digo amiga y digo lentamente/ las formas del viento y la madera/ digo un momento un fuego/ una bondad un río una fe/ un nacimiento un aire/ un sentido iluminado y cierto...¨
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